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Por Woman Penélope
Queremos pensar que la violencia de pareja pertenece solo al mundo adulto. Sin embargo, hoy sabemos que muchas relaciones adolescentes ya reproducen dinámicas de control, miedo, humillación y abuso.
Un reciente estudio realizado en España revela un dato estremecedor:
Más de la mitad de los adolescentes que sufren violencia de pareja también terminan ejerciéndola.
La violencia no solo se sufre. Se aprende, se normaliza… y se repite.
La adolescencia: el momento en que se aprende a amar
La adolescencia es una etapa clave. Es cuando se viven los primeros enamoramientos, las primeras relaciones íntimas y los primeros vínculos afectivos profundos. Lo que se aprende ahí, marca la forma de amar en la vida adulta.
Si el amor se asocia al control, a los celos, al miedo o al chantaje emocional, ese patrón se graba en la identidad emocional de la persona.
¿Qué tipo de violencia viven hoy los adolescentes?
La más frecuente no es la violencia física. Es la que no deja moratones, pero rompe por dentro:
* Control del móvil y redes
* Gritos constantes
* Aislamiento de amistades
* Imposición de normas
* Humillaciones
* Presión emocional
* Chantaje afectivo
Además:
1 de cada 10 adolescentes sufre violencia física
El 13% ha sufrido violencia sexual, incluso dentro de sus propias relaciones
Y todo esto aumenta entre los 15 y los 18 años.
Cuando una víctima también se convierte en agresora
Uno de los datos más impactantes es que:
El 53% de quienes sufren violencia también terminan reproduciéndola.
Esto nos obliga a mirar más allá del “bueno” y el “malo”. Muchos agresores fueron antes víctimas. Muchos aprendieron que amar es dominar. Muchos repiten lo que vivieron.
La violencia se hereda emocionalmente si no se sana.
Factores que aumentan el riesgo
El estudio señala varios factores que incrementan la probabilidad de vivir relaciones violentas:
* Haber sufrido bullying
* Consumo de alcohol o drogas
* Falta de educación emocional
* Modelos familiares disfuncionales
* Falta de referentes de amor sano
La prevención empieza en las emociones
La clave no está solo en prohibir. Está en educar el mundo interno de los jóvenes:
Enseñarles a:
* Reconocer lo que sienten
* Poner límites
* Expresar su enfado sin violencia
* Pedir ayuda sin vergüenza
* Respetar el “no” del otro
* Técnicas como el diario emocional, la expresión artística o la respiración consciente ayudan a que el adolescente no descargue su dolor en quien más quiere.
Señales de alarma que no debemos ignorar
Como madres, familias, educadores y mujeres adultas conscientes, debemos abrir los ojos ante señales como:
* Celos extremos
* Miedo a hablar de la pareja
* Control del móvil
* Aislamiento de amistades
* Ansiedad constante
* Sumisión emocional
* Cambios de carácter repentinos
El silencio también es una forma de desprotección.
Familia y escuela: un mismo equipo
La violencia no se previene solo en las aulas. Ni solo en casa.
Se previene cuando familia y escuela caminan juntas:
* Hablando sin miedo
* Escuchando sin juzgar
* Acompañando sin imponer
* Corrigiendo desde el amor, no desde el castigo
En Woman Penélope lo decimos claro
La violencia adolescente:
No es “normal”
No es “una etapa”
No es “cosa de parejas”
No es “solo por redes”
Es una herida emocional profunda que, si no se sana, se arrastra a la vida adulta.
Pero también es una herida que puede prevenirse.
Mensaje para madres, mujeres y jóvenes
Hablar de esto es romper cadenas.
Educar en el respeto es salvar futuros.
Escuchar a tiempo es evitar años de dolor.
El amor no duele.
El amor no controla.
El amor no humilla.
diciembre2025@womanpenelope