aprende con penelope
La sociedad actual está como perdida. No desorientada: perdida. Caminamos como autómatas, mirando al suelo, esperando que algo o alguien nos saque del letargo. Hemos dejado de pensar, de cuestionar, de tener criterio propio. Y cuando la mente se apaga, dejamos la puerta abierta a la manipulación, a la impulsividad y a la vulnerabilidad.
La apatía actual es peligrosa. Muy peligrosa. Porque una persona desconectada de sí misma es el blanco perfecto: no distingue señales, no pone límites y no detecta intenciones.
Y este año, después de meses de desgaste económico, emocional y sexual, llegamos a las fiestas sin energía, sin dinero y sin ganas. Los comercios improvisan, las familias recortan, las parejas están tensas y la vida sexual está bajo mínimos. Todo está acelerado por fuera y agotado por dentro.
Cuando la frustración se acumula —sea por dinero, deseo, rutina o soledad— aparece ese fuego interno que algunos no saben gestionar. Y aquí viene la parte incómoda:
* Hay hombres que, cuando sienten que la mujer ya no da lo que antes daba “a cambio de nada”, se irritan, se frustran y se descontrolan.
No porque “no puedan aguantar”, sino porque nunca aprendieron a canalizar sus emociones ni su deseo. Crecieron con una idea simple: si necesito algo, lo tomo. Y si no me lo dan, me lo busco.
En fiestas, con alcohol, ruido y desinhibición, esa mezcla puede ser explosiva.
* El riesgo real
Estos meses festivos aumentan cada año los casos de:
bebidas manipuladas,
situaciones de sumisión química,
acoso,
y encuentros sexuales en los que la mujer no está consciente, no está presente o directamente no consiente.
No es paranoia: es estadística.
Y aunque nadie quiere decirlo en voz alta, el clima emocional y social actual puede amplificar estos riesgos. Cuando hay frustración, impulsividad y falta de control, los límites se cruzan más rápido.
* Las mujeres deben estar en alerta
No tener miedo, pero si estar atentas.
Porque aunque no es tu responsabilidad lo que otros hagan, sí es tu responsabilidad proteger tu cuerpo, tu conciencia y tu libertad.
Estas fiestas, vigila:
Tu bebida. No la pierdas de vista ni un segundo.
Tu grupo. No te quedes sola.
Tus sensaciones. Si algo no vibra bien, vete.
Los hombres demasiado “atentos”. A veces no cuidan: seleccionan.
Las salidas. Ten claro dónde están.
No te confíes. La intuición de una mujer casi nunca falla; lo que falla es NO escucharla.
* La verdad incómoda
No estamos ante unas Navidades “normales”. Venimos de un año emocionalmente enfermo, con gente agotada, irritada y con deseos mal gestionados. Y cuando la presión interna no tiene salida sana, busca la salida fácil.
La conciencia femenina será clave estas fiestas.
Y la sororidad también: cuidarnos entre nosotras, mirarnos, acompañarnos.
Conclusión
La sociedad está off. Y cuando la sociedad se apaga, los peligros suben.
Estas Navidades no te quiero asustada: te quiero despierta.
No podemos controlar el comportamiento de los demás.
Pero sí podemos controlar dónde ponemos nuestra atención, a quién dejamos entrar y qué toleramos.
La seguridad no es paranoia: es conciencia.
Y la conciencia es poder.
Woman Penelope
diciembre2025@womanpenelope