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Woman Penelope 

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por Woman Penelope

Hablamos de sexo constantemente... En las redes, en las series, en la publicidad, en las conversaciones entre amigas, en los podcasts, en los titulares… Parece que vivimos en una sociedad mucho más abierta sexualmente que la de nuestras madres y abuelas.

Pero debemos preguntarnos si realmente ...

 

¿Hemos aprendido realmente a disfrutar más o simplemente hemos aprendido a hablar más de sexo?

 

Porque los datos siguen poniendo sobre la mesa una realidad que no resulta tan moderna como nos gustaría.

La llamada brecha orgásmica hace referencia a la diferencia en la frecuencia con la que hombres y mujeres alcanzan el orgasmo durante sus relaciones sexuales. En las relaciones heterosexuales, diferentes investigaciones han encontrado de forma reiterada una ventaja masculina considerable. La conversación ha vuelto a ocupar titulares estos días en España. (El País)

Y quizá lo interesante no sea preguntarnos solamente por qué una mujer llega menos al orgasmo.

La pregunta debería ser...

 

¿Por qué seguimos construyendo tantas relaciones sexuales alrededor de un modelo que no funciona igual de bien para ambos?

 

Durante décadas hemos aprendido una especie de guion sexual... Besos. Caricias. Excitación. Penetración. Orgasmo. Fin.

El problema es que el cuerpo humano no lee guiones. Y mucho menos el cuerpo femenino.

 

La penetración no es el centro del placer de todas las mujeres

Uno de los grandes aportes del histórico Informe Hite, publicado en 1976, fue precisamente poner en cuestión una idea que parecía incuestionable: que el orgasmo femenino debía producirse fundamentalmente mediante la penetración vaginal.

 

El estudio de Shere Hite recogió miles de testimonios de mujeres y mostró que muchas experimentaban el orgasmo principalmente mediante la estimulación del clítoris, no mediante la penetración por sí sola. Cincuenta años después, aquella conversación continúa teniendo eco. (El País)

Y aquí aparece algo que deberíamos haber aprendido hace mucho... el placer femenino no es una versión más lenta del placer masculino.

No necesita imitarlo. No tiene que llegar al mismo tiempo. No tiene que producirse de la misma manera. Y tampoco debería convertirse en un examen que haya que aprobar.

 

El problema empieza cuando el orgasmo se convierte en obligación...

Hay mujeres que fingen. Otras callan. Algunas dicen que han disfrutado porque no quieren herir a su pareja.

Otras terminan una relación sexual pensando que algo falla en ellas.

 

Y también hay hombres que creen que si su pareja no alcanza el orgasmo significa que no les desea, que no saben hacerlo o que existe algún problema... Y así entramos en un círculo bastante absurdo... ella finge para que él no se sienta mal y él cree que todo funciona porque ella ha fingido que funciona.

 

Nadie aprende.

Nadie pregunta.

Nadie cambia.

Y el dormitorio continúa representando una obra cuyo guion lleva décadas sin actualizarse.

 

Pero tampoco queremos convertir esto en una guerra entre hombres y mujeres La brecha orgásmica no debería utilizarse para señalar culpables. El sexo no necesita otro campo de batalla. Necesita más conversación... curiosidad... conocimiento del cuerpo.... escuchar.

Y, sobre todo, necesita abandonar la idea de que una relación sexual ha sido buena solamente porque alguien ha conseguido llegar al orgasmo.

Porque también podemos disfrutar sin llegar.

Podemos parar.

Podemos cambiar.

Podemos descubrir.

Podemos reírnos.

Podemos decir “eso no me gusta”.

Podemos pedir otra cosa.

Y podemos aprender que el placer no tiene por qué ser una carrera hacia una meta.

 

Quizá el verdadero problema no sea el orgasmo

Quizá el verdadero problema sea que todavía hay demasiadas personas que mantienen relaciones sexuales sin sentirse completamente libres para decir qué quieren.

 

Y eso sí debería preocuparnos.

La reciente Encuesta Nacional de Salud Sexual del CIS aporta un dato especialmente revelador: solo el 77,2 % de la población declara estar satisfecha con su vida sexual, una cifra inferior al 85,8 % registrado en 2009. (CIS)

 

Después de tantos años hablando de liberación sexual, deberíamos preguntarnos qué está pasando. Porque tener más información no significa necesariamente tener una mejor sexualidad. Tener más aplicaciones para ligar tampoco. Tener más pornografía disponible tampoco. Y hablar constantemente de sexo tampoco.

 

La verdadera libertad sexual empieza cuando podemos vivir nuestra sexualidad sin interpretar un papel... Sin fingir... Sin cumplir expectativas... Sin sentirnos obligados a llegar a ninguna parte. Y sin pensar que nuestro cuerpo tiene que funcionar como el de otra persona.

Quizá ya sea hora de dejar de preguntarnos:

 

“¿Has llegado?”

Y empezar a preguntarnos:

“¿Te has sentido bien?”

 

Porque una sexualidad sana no debería medirse solamente por cuántos orgasmos tenemos.

También debería medirse por cuánto podemos ser nosotros mismos mientras disfrutamos.

 

 

“El mejor sexo no es el que termina en un orgasmo. Es aquel en el que nadie tiene que fingir para que termine bien.”

 

 

agosto2026@womanpenélope

la brecha orgásmica: cuando el placer también tiene desigualdades

no quiero volver a ser quién era. quiero descubrir quién puedo llegar a ser