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Woman Penelope 

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por Woman Penelope

Durante años, buena parte de la conversación sobre el cuerpo femenino se centró en el pecho. En los últimos tiempos, los glúteos han adquirido una presencia creciente en la moda, las redes sociales, la publicidad y la cirugía estética.

 

El BBL (Brazilian Butt Lift) representa bien esta transformación. Según la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en 2024 se realizaron 644.770 procedimientos de aumento de glúteos en todo el mundo, aunque la cifra incluye distintas técnicas y no solo el BBL. (ISAPS). Este dato no permite extraer conclusiones sobre los deseos o las prácticas sexuales de quienes se someten a una intervención. Sí invita a preguntarnos cómo se construyen los ideales corporales cuando determinadas formas reciben una atención estética y sexual cada vez mayor.

 

De la cultura visual a los guiones sexuales

Los glúteos ocupan hoy un lugar destacado en la cultura visual. Aparecen en la moda, las redes sociales, la publicidad y la pornografía. Esa presencia no determina lo que una persona desea, pero puede influir en qué cuerpos se consideran atractivos, qué partes reciben más atención y qué prácticas parecen habituales.

 

La pornografía puede contribuir a formar guiones sexuales: ideas sobre qué resulta excitante, qué prácticas parecen normales y cómo debería desarrollarse un encuentro. Esto no significa que quienes la consumen reproduzcan automáticamente lo que ven. Sin embargo, sus imágenes pueden reforzar determinadas expectativas. (PubMed)

 

No podemos afirmar que el BBL haya provocado un aumento del sexo anal ni que mostrar más los glúteos lleve a alguien a querer practicarlo. El deseo no funciona de forma tan directa. La pregunta es otra:

 

¿Cuánto hay de descubrimiento personal y cuánto de influencia cultural en lo que deseamos?

Probablemente, ambas dimensiones conviven. Las imágenes pueden ampliar nuestro imaginario, pero no deberían convertirse en instrucciones sobre lo que tenemos que querer.

 

Hay personas a las que les gusta el sexo anal y parejas para las que forma parte de una vida sexual satisfactoria. También hay quienes no sienten interés, se incomodan o prefieren no practicarlo. Todas esas experiencias son válidas. La cuestión no es juzgar una práctica, sino distinguir entre deseo propio y presión para cumplir expectativas.

 

Una persona puede aceptar una práctica porque le apetece. También puede hacerlo por miedo a parecer aburrida, por querer satisfacer a su pareja o porque cree que “todo el mundo lo hace”. Un estudio sobre experiencias de mujeres con sexo anal encontró motivaciones diversas: algunas buscaban placer o intimidad, mientras que otras mencionaban el deseo de complacer a su pareja o evitar conflictos. (PubMed)

Por eso conviene preguntarse antes de cualquier práctica sexual:

 

¿Lo hago porque quiero o porque quiero gustarle?

No son la misma cosa. El consentimiento no consiste únicamente en aceptar. También implica decidir sin presión, poder cambiar de opinión, hacer preguntas y expresar límites... "Esto sí, esto no y esto todavía no lo sé”.

 

La libertad sexual no consiste en estar dispuesto a todo, sino en poder elegir con información y sin miedo a decepcionar.

Sexo anal seguro: consentimiento, cuidado y prevención

 

El sexo anal puede formar parte de una vida sexual saludable cuando existe consentimiento, deseo, comunicación, cuidado y protección. Como cualquier práctica sexual, requiere conocer sus riesgos específicos.

 

El tejido rectal es delicado y puede lesionarse con facilidad, lo que puede aumentar la posibilidad de transmisión de ITS como gonorrea, clamidia, sífilis, herpes, VPH, hepatitis o VIH. (CDC). Además, muchas ITS no presentan síntomas. Por eso la prevención sigue siendo fundamental: Preservativo... Lubricación suficiente... Manos y juguetes limpios. No pasar directamente del ano a la vagina sin cambiar el preservativo o lavar adecuadamente el objeto. Pruebas periódicas si existe riesgo. PrEP como herramienta adicional frente al VIH cuando esté indicada. (CDC)

 

No hace falta convertir la higiene en una fuente de ansiedad. La limpieza externa y una preparación cuidadosa suelen ser suficientes. Los lavados rectales repetidos o agresivos pueden irritar la zona y no eliminan el riesgo de ITS. La prevención no sustituye al consentimiento, y el consentimiento no elimina la necesidad de cuidarse. Ambas cosas forman parte de una sexualidad responsable: querer hacerlo, poder decir que no y saber cómo reducir los riesgos.

 

Elegir sin obedecer una tendencia

Esta conversación no trata únicamente sobre los glúteos, sino sobre cómo cambian los imaginarios del cuerpo y del deseo. Primero se transforma aquello que una cultura considera atractivo; después, aquello que se muestra. Esas imágenes pueden regresar a la vida íntima convertidas en expectativas, fantasías o posibilidades. Pero una posibilidad no es una obligación.

La pregunta no es solo:

 

“¿Por qué los glúteos tienen hoy tanta presencia en la cultura visual?”

También deberíamos preguntarnos:

 

“¿Estamos explorando nuestros deseos con más libertad o recibimos un catálogo cada vez más amplio de lo que se supone que debería excitarnos?”

 

Probar algo porque realmente lo deseas puede ser una expresión de libertad. Hacerlo porque crees que deberías desearlo es otra cosa.

Tu cuerpo no tiene que ajustarse a una tendencia para que tu deseo sea válido.

 

 

WOMAN PENELOPE

No tienes que practicar sexo anal para ser moderna.

No tienes que hacerte un BBL para ser deseable.

No tienes que gustarle a todo el mundo ni demostrarle a nadie lo abierta que eres en la cama.

La libertad sexual empieza cuando puedes reconocer lo que quieres, expresar lo que necesitas, cuidar tu salud y decir que no sin sentirte culpable.

 

Woman Penelope · Sin tabúes, sin morbo. Con respeto.

 

 

agosto2026@womanpenélope

no se trata de encajar en un lugar que no es tuyo, sino de elegir tu lugar y quedarte

¿Cómo influyen la estética, las redes sociales y la pornografía en la forma en que imaginamos el deseo?